Y a través de una ventana bañada de claroscuros el cielo llora
apenado de ver aquello que alumbra,
cansado de tanta oscuridad vagamente iluminada
y de tanta alma muerta en vida.
Mientras, yo me recojo en aquel rincón del silencioso laboratorio
buscando labrarme un porvenir a base de ilusiones que sé que no voy a satisfacer,
a base de gestos vanos que sé que no llegarán a nada por más esfuerzo que aplique.
La resignación del poder me invade,
y veo cómo tristemente he caído presa del mercado y del mundo de la compraventa,
que mi alma quería ser bondadosa pero quedó atrapada en los hilos del poder
y se sumó a la masa de gente en vida muerta.
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